• LOS CUERNOS DEL DIABLO

    Autor: Domingo Baudrand

    DESPUES DE UNA PARRANDA
    DE 3 DIAS CON SUS NOCHES
    VOLVIO EL DIABLO AL INFIERNO
    BORRACHO EN SU CARRICOCHE

    ENTRO ZAPATEANDO A LA CASA
    DANDOSELAS DE MUY MACHO
    Y ENCONTRO COLGANDO EN LA PUERTA
    UN TREMENDO PAR DE CACHOS

    LA PIEZA PATAS PA’RRIBA
    FLOTANDO UN AROMA CELESTIAL
    LA DIABLA BAILANDO CONTENTA
    LO QU’ERA POCO HABITUAL

    EN SU MELENA ENREDADA
    ALGO INTRIGO A DON LUZBEL
    UN PAR DE PLUMAS DEL ALA
    DEL ARCANGEL SAN GABRIEL

    ASI FUE COMO AL MALIGNO
    QUE SE LAS DABA DE LACHO
    LA DIABLA CON EL ARCANGEL
    LE PLANTARON UN PAR DE CACHOS.


    LA CHACRA DE LAS REYES

    San Francisco de Mostazal,
    benaiga fruta abundante (bis)
    Campo lindo, gente buena,
    arando siempre pa’elante
    San Francisco de Mostazal

    El sable del comandante,
    malhaiga, filo asesino
    Arrasó con la tierra,
    la vida del campesino.
    El sable del comandante
    malhaiga, filo asesino.

    Arando n’el destino, ay si
    la vida, siempre pa’elante.
    En la chacra de las Reyes,
    Benhaiga fruta abundante

    Brindo por los sabores
    de sus primores.

  • EL HOMBRE DE LAS MOSCAS

    Autor: Victor M. Gavilan

    Llevábamos tres meses encarcelados. Todos los días llegaban oficiales del regimiento Tucapel y de la Base Aérea Maquehue a buscar detenidos y llevarlos a sus cuarteles para torturarlos. Mi amigo Sergio Robles tenía su brazo derecho lleno de llagas y quemaduras con cigarro. El Gato Contreras casi no podía moverse porque los milicos le habían fracturado una costilla en el interrogatorio, y el viejo Cata estaba sordo de tantos golpes recibidos en la cabeza.
    Yo estuve sin poder hablar por semanas. Los golpes eléctricos en mi boca me inflamaron la lengua dolorosamente. Los cables carbonizaron mis molares y años más tarde todos ellos desaparecieron.
    Estábamos hacinados, torturados y humillados cuando llegó la comitiva de la Cruz Roja Internacional desde Europa. Eran dos hombres y tres mujeres, todos rubios y altos. Nos juntaron en el patio. Más de mil doscientos presos políticos con un centenar de soldados armados a nuestras espaldas. El Alcaide García, teniente rechoncho de gendarmería, con una gorra más grande que su cabeza y la chaqueta abrochada con mucho esfuerzo nos dijo con una sonrisa burlona que sin temor le informáramos a la Cruz Roja cuáles eran los problemas que pudiésemos tener en el penal. Hubo un largo silencio, hasta que Joaquín Silva, atemorizado y destruido mentalmente hasta el borde de la locura, levantó un dedo medio temblando-
    - Gracias señores internacionales – dijo Silva, haciendo un movimiento extraño con su cabeza como señalando los cuatro puntos cardinales, cerró un ojo, cambió su voz con una carraspera de nerviosismo y prosiguió - como decía señores…son las moscas…las moscas nos van a matar, y ese es el problema más grave en este edificio…en este lugar. ¿Sería posible que ustedes pudieran hacer algo? ¡Mire, usted! Si andan por todos lados y no dejan comer tranquilo. Hay muchas moscas. Muchas gracias por venir - , concluyó haciendo un esbozo de venia.
    Una leve y dolorosa sonrisa colectiva de incertidumbre y dolor recorrió a los presos y muchos bajamos la cabeza para esconder las lágrimas.